Episodio 4: Jesús – ¿Personaje histórico, superhéroe o el amigo que nunca falla?

Cuando pensamos en Jesús, es fácil caer en dos extremos que, aunque parecen opuestos, nos llevan al mismo punto: la distancia.
Por un lado, podemos verlo como una simple figura histórica. Un hombre excepcional, un maestro moral que vivió hace 2000 años y cuyo mensaje cambió el mundo. Y es cierto, Jesús de Nazaret es un personaje histórico innegable. Pero si se queda solo en eso, en un gran hombre del pasado, se convierte en una figura de museo, admirable pero lejana.
En el otro extremo, está la imagen del superhéroe. Un ser divino con poderes ilimitados, que camina sobre las aguas, multiplica panes y resucita a los muertos. Y sí, los Evangelios nos muestran su poder divino. Pero si nos quedamos solo con esa faceta, corremos el riesgo de convertirlo en alguien tan diferente a nosotros, tan inalcanzable, que es imposible sentirlo cercano.
El Dios que llora
La gran verdad, el corazón del cristianismo, es que Jesús no es una cosa o la otra, sino ambas a la vez: 100% Dios y 100% hombre. Y es precisamente en su humanidad donde encontramos la puerta de acceso a su amistad.
El Evangelio de Juan nos regala una de las escenas más conmovedoras. Jesús llega a la casa de sus amigos, Marta y María, cuyo hermano Lázaro acaba de morir. Al ver el dolor de María y de los que la acompañan, Jesús no reacciona con una demostración de poder divino. Lo primero que hace es algo profundamente humano. El texto dice que «se conmovió en su espíritu, se turbó y se echó a llorar».
Detengámonos aquí. El mismo Dios, hecho hombre, llora. Siente el dolor punzante de la pérdida de un amigo. No es un actor, no es un ser impasible. Es alguien que entiende nuestro sufrimiento porque Él mismo lo ha sentido en su propia carne. En esas lágrimas encontramos al amigo que no solo tiene poder para salvarnos, sino también un corazón que puede compadecerse de nosotros.
El amigo del patio
Don Bosco entendió esto a la perfección. Él no les hablaba a sus chicos de un Dios abstracto o de un Jesús lejano. Les presentaba al amigo que les esperaba en la Eucaristía, al que les perdonaba en la confesión, al que se alegraba con sus juegos en el patio. Les presentó a un amigo real, cercano, que nunca falla.
Tu Reto de la Semana
Para conocer a un amigo, hay que pasar tiempo con él. Por eso, el reto de esta semana es sencillo: elige uno de los cuatro Evangelios (Mateo, Marcos, Lucas o Juan) y lee un solo capítulo. El que tú quieras.
Pero léelo con una misión: encontrar un rasgo humano de Jesús. Busca su paciencia, su cansancio después de un largo día, su enfado ante la injusticia, su alegría en una comida con amigos. Intenta descubrir al hombre detrás del título, porque es en ese hombre donde encontrarás al amigo que te busca.
