Sabiduría

Capítulo 1

1Amad la justicia, gobernantes de la tierra, | pensad correctamente del Señor | y buscadlo con sencillez de corazón. 2Porque se manifiesta a los que no le exigen pruebas | y se revela a los que no desconfían de él. 3Los pensamientos retorcidos alejan de Dios | y el poder, puesto a prueba, confunde a los necios. 4La sabiduría no entra en alma perversa, | ni habita en cuerpo sometido al pecado. 5Pues el espíritu educador y santo huye del engaño, | se aleja de los pensamientos necios | y es ahuyentado cuando llega la injusticia. 6La sabiduría es un espíritu amigo de los hombres | que no deja impune al blasfemo: | inspecciona las entrañas, | vigila atentamente el corazón | y cuanto dice la lengua. 7Pues el espíritu del Señor llena la tierra, | todo lo abarca y conoce cada sonido. 8Por eso quien habla inicuamente no tiene escapatoria, | ni pasará de largo junto a él la justicia acusadora. 9Se examinarán los planes del impío, | el rumor de sus palabras llegará hasta el Señor | y quedarán probados sus delitos. 10Porque un oído celoso lo escucha todo | y no se le escapa ni el más leve murmullo. 11Guardaos, pues, de murmuraciones inútiles | y absteneos de la maledicencia, | porque ni la frase más solapada cae en el vacío | y la boca calumniadora da muerte al alma. 12No os procuréis la muerte con vuestra vida extraviada, | ni os acarreéis la perdición con las obras de vuestras manos. 13Porque Dios no ha hecho la muerte, | ni se complace destruyendo a los vivos. 14Él todo lo creó para que subsistiera | y las criaturas del mundo son saludables: | no hay en ellas veneno de muerte, | ni el abismo reina en la tierra. 15Porque la justicia es inmortal. 16Los impíos, sin embargo, llaman a la muerte con gestos y palabras; | se desviven por ella, creyéndola su amiga: | han hecho un pacto con ella, | pues merecen compartir su suerte.

Capítulo 2

1Razonando equivocadamente se decían: | «Corta y triste es nuestra vida | y el trance final del hombre es irremediable; | no consta de nadie que haya regresado del abismo. 2Nacimos casualmente | y después seremos como si nunca hubiésemos existido. | Humo es el aliento que respiramos | y el pensamiento, una chispa del corazón que late. 3Cuando esta se apague, el cuerpo se volverá ceniza | y el espíritu se desvanecerá como aire tenue. 4Con el tiempo nuestro nombre caerá en el olvido | y nadie se acordará de nuestras obras. | Pasará nuestra vida como rastro de nubes | y como neblina se disipará, | acosada por los rayos del sol | y abatida por su calor. 5Nuestra vida, una sombra que pasa, | nuestro fin, irreversible: | puesto el sello, nadie retorna. 6¡Venid! Disfrutemos de los bienes presentes | y gocemos de lo creado con ardor juvenil. 7Embriaguémonos de vinos exquisitos y de perfumes, | que no se nos escape ni una flor primaveral. 8Coronémonos con capullos de rosas antes que se marchiten; 9que ningún prado escape a nuestras orgías, | dejemos por doquier señales de nuestro gozo, | porque esta es nuestra suerte y nuestra herencia». 10«Oprimamos al pobre inocente, | no tengamos compasión de la viuda, | ni respetemos las canas venerables del anciano. 11Sea nuestra fuerza la norma de la justicia, | pues lo débil es evidente que de nada sirve. 12Acechemos al justo, que nos resulta fastidioso: | se opone a nuestro modo de actuar, | nos reprocha las faltas contra la ley | y nos reprende contra la educación recibida; 13presume de conocer a Dios | y se llama a sí mismo hijo de Dios. 14Es un reproche contra nuestros criterios, | su sola presencia nos resulta insoportable. 15Lleva una vida distinta de todos los demás | y va por caminos diferentes. 16Nos considera moneda falsa | y nos esquiva como a impuros. | Proclama dichoso el destino de los justos, | y presume de tener por padre a Dios. 17Veamos si es verdad lo que dice, | comprobando cómo es su muerte. 18Si el justo es hijo de Dios, él lo auxiliará | y lo librará de las manos de sus enemigos. 19Lo someteremos a ultrajes y torturas, | para conocer su temple y comprobar su resistencia. 20Lo condenaremos a muerte ignominiosa, | pues, según dice, Dios lo salvará». 21Así discurren, pero se equivocan, | pues los ciega su maldad. 22Desconocen los misterios de Dios, | no esperan el premio de la santidad, | ni creen en la recompensa de una vida intachable. 23Dios creó al hombre incorruptible | y lo hizo a imagen de su propio ser; 24mas por envidia del diablo entró la muerte en el mundo, | y la experimentan los de su bando.

Capítulo 3

1En cambio, la vida de los justos está en manos de Dios, | y ningún tormento los alcanzará. 2Los insensatos pensaban que habían muerto, | y consideraban su tránsito como una desgracia, 3y su salida de entre nosotros, una ruina, | pero ellos están en paz. 4Aunque la gente pensaba que cumplían una pena, | su esperanza estaba llena de inmortalidad. 5Sufrieron pequeños castigos, recibirán grandes bienes, | porque Dios los puso a prueba y los halló dignos de él. 6Los probó como oro en el crisol | y los aceptó como sacrificio de holocausto. 7En el día del juicio resplandecerán | y se propagarán como chispas en un rastrojo. 8Gobernarán naciones, someterán pueblos | y el Señor reinará sobre ellos eternamente. 9Los que confían en él comprenderán la verdad | y los que son fieles a su amor permanecerán a su lado, | porque la gracia y la misericordia son para sus devotos | y la protección para sus elegidos. 10Los impíos, en cambio, serán castigados por sus pensamientos, | pues despreciaron al justo y se apartaron del Señor. 11Desgraciado el que desdeña la sabiduría y la instrucción; | vana es su esperanza, baldíos sus esfuerzos e inútiles sus obras. 12Sus mujeres son necias, | depravados sus hijos | y maldita su posteridad. 13Dichosa la estéril intachable, | cuyo lecho no conoció la infidelidad: | obtendrá su fruto el día del juicio. 14Dichoso también el eunuco en cuyas manos no hay pecado, | ni tuvo malos pensamientos contra el Señor: | por su fidelidad recibirá un favor especial | y una herencia envidiable en el templo del Señor. 15Porque el fruto del buen trabajo es glorioso | y la raíz de la prudencia es imperecedera. 16En cambio, los hijos de los adúlteros no llegarán a la madurez, | y la prole nacida de unión ilegítima desaparecerá. 17Aunque vivan largos años, nadie los tendrá en cuenta, | y al final su vejez será deshonrosa. 18Si mueren pronto, no tendrán esperanza, | ni consuelo en el día del juicio, 19pues la raza de los malvados acaba mal.

Capítulo 4

1Más vale no tener hijos y ser virtuoso, | porque el recuerdo de la virtud es inmortal: | la reconocen Dios y los hombres. 2Cuando está presente, la imitan, | cuando está ausente, la añoran; | y en la eternidad triunfa y se ciñe la corona, | vencedora en la lucha por trofeos incorruptibles. 3En cambio, la numerosa prole de los impíos no prosperará: | nacida de retoños bastardos, no echará raíces profundas, | ni se consolidará sobre una base firme. 4Aunque por algún tiempo reverdezcan sus ramas, | al estar mal arraigada, será sacudida por el viento | y descuajada por la furia del huracán. 5Se troncharán sus brotes aún tiernos, | y sus frutos serán inservibles: verdes para comerlos, | para nada se aprovecharán. 6Pues los hijos nacidos de uniones ilegítimas | en el juicio testificarán la maldad de sus padres. 7El justo, aunque muera prematuramente, tendrá descanso. 8Una vejez venerable no son los muchos días, | ni se mide por el número de años, 9pues las canas del hombre son la prudencia | y la edad avanzada, una vida intachable. 10Agradó a Dios y Dios lo amó, | vivía entre pecadores y Dios se lo llevó. 11Lo arrebató para que la maldad | no pervirtiera su inteligencia, | ni la perfidia sedujera su alma. 12Pues la fascinación del mal oscurece el bien | y el vértigo de la pasión pervierte una mente sin malicia. 13Maduró en poco tiempo, | cumplió muchos años. 14Como su vida era grata a Dios, | se apresuró a sacarlo de la maldad. | La gente lo ve y no lo comprende, | ni les cabe esto en la cabeza: 15la gracia y la misericordia son para sus elegidos | y la protección para sus devotos. 16El justo difunto condena a los impíos aún vivos: | juventud madura en poco tiempo, | afrenta para la longevidad del perverso. 17La gente ve la muerte del sabio, | pero no comprende los designios divinos sobre él, | ni por qué lo pone a salvo el Señor. 18Lo ven y lo desprecian, | pero el Señor se ríe de ellos. 19Bien pronto serán cadáveres sin honra, | oprobio para siempre entre los muertos. | Pues el Señor los precipitará de cabeza, sin dejarles rechistar, | los sacudirá de sus cimientos y quedarán totalmente asolados; | vivirán sumidos en el dolor y su recuerdo se perderá. 20Al rendir cuenta de sus pecados, comparecerán asustados | y sus delitos se levantarán contra ellos para acusarlos.

Capítulo 5

1Entonces el justo estará en pie con gran aplomo | delante de los que lo afligieron y despreciaron sus trabajos. 2Al verlo, se estremecerán de miedo, | estupefactos ante su inesperada salvación. 3Arrepentidos y gimiendo de angustia se dirán: 4«Este es aquel de quien antes nos reíamos | y a quien, nosotros insensatos, insultábamos. | Su vida nos parecía una locura | y su muerte, una ignominia. 5¿Cómo ahora es contado entre los hijos de Dios | y comparte la suerte de los santos? 6Sí, nosotros nos desviamos del camino de la verdad, | la luz de la justicia no nos alumbró | y el sol no salió para nosotros. 7Nos fatigamos por sendas de maldad y perdición, | atravesamos desiertos intransitables, | pero no reconocimos el camino del Señor. 8¿De qué nos ha servido nuestro orgullo? | ¿Qué hemos sacado presumiendo de ricos? 9Todo aquello pasó como una sombra, | como noticia que corre veloz, 10como nave que surca las aguas agitadas, | sin dejar rastro de su travesía, | ni estela de su quilla en las olas. 11O como pájaro que corta el aire | sin dejar rastro de su paso; | con un aleteo azota el aire ligero, | lo corta con agudo silbido, | se abre camino batiendo las alas | y al final no queda rastro de su paso. 12O como flecha disparada al blanco, | cuya herida en el aire se cierra al instante, | siendo imposible conocer su trayectoria. 13Igual nosotros: nacimos y nos eclipsamos | sin dejar ni una señal de virtud que poder mostrar, | nos consumimos en nuestra maldad». 14Sí, la esperanza del impío es brizna que arrebata el viento, | espuma ligera que arrastra el vendaval, | humo que el viento disipa, | recuerdo fugaz del huésped de un día. 15Los justos, en cambio, viven eternamente, | encuentran su recompensa en el Señor | y el Altísimo cuida de ellos. 16Por eso recibirán de manos del Señor | la magnífica corona real y la hermosa diadema, | pues con su diestra los protegerá | y con su brazo los escudará. 17Tomará la armadura de su celo | y armará a la creación para vengarse de sus enemigos. 18Vestirá la coraza de la justicia, | se pondrá como yelmo un juicio sincero; 19tomará por escudo su santidad invencible, 20afilará como espada su ira inexorable | y el universo peleará a su lado contra los necios. 21Certeras parten ráfagas de rayos; | desde las nubes como arco bien tenso, | vuelan hacia el blanco. 22Una catapulta lanzará un furioso pedrisco; | las aguas del mar se embravecerán contra ellos, | los ríos los anegarán sin piedad. 23Se levantará contra ellos un viento impetuoso | que los aventará como huracán. | Así la iniquidad asolará toda la tierra | y la maldad derrocará los tronos de los poderosos.

Capítulo 6

1Escuchad, reyes, y entended; | aprended, gobernantes de los confines de la tierra. 2Prestad atención, los que domináis multitudes | y os sentís orgullosos de tener muchos súbditos: 3el poder os viene del Señor | y la soberanía del Altísimo. | Él examinará vuestras acciones | y sondeará vuestras intenciones. 4Porque, siendo ministros de su reino, | no gobernasteis rectamente, ni guardasteis la ley, | ni actuasteis según la voluntad de Dios. 5Terrible y repentino caerá sobre vosotros, | porque un juicio implacable espera a los grandes. 6Al más pequeño se le perdona por piedad, | pero los poderosos serán examinados con rigor. 7El Dios de todo no teme a nadie, | ni lo intimida la grandeza, | pues él hizo al pequeño y al grande | y de todos cuida por igual, 8pero a los poderosos les espera un control riguroso. 9A vosotros, soberanos, dirijo mis palabras, | para que aprendáis sabiduría y no pequéis. 10Los que cumplen santamente las leyes divinas serán santificados, | y los que se instruyen en ellas encontrarán en ellas su defensa. 11Así, pues, desead mis palabras; | anheladlas y recibiréis instrucción. 12Radiante e inmarcesible es la sabiduría, | la ven con facilidad los que la aman | y quienes la buscan la encuentran. 13Se adelanta en manifestarse a los que la desean. 14Quien madruga por ella no se cansa, | pues la encuentra sentada a su puerta. 15Meditar sobre ella es prudencia consumada | y el que vela por ella pronto se ve libre de preocupaciones. 16Pues ella misma va de un lado a otro | buscando a los que son dignos de ella; | los aborda benigna por los caminos | y les sale al encuentro en cada pensamiento. 17Su verdadero comienzo es el deseo de instrucción, | el afán de instrucción es amor, 18el amor es la observancia de sus leyes, | el respeto de las leyes es garantía de inmortalidad 19y la inmortalidad acerca a Dios; 20por tanto, el deseo de la sabiduría conduce al reino. 21Así que, si queréis tronos y cetros, soberanos de las naciones, | honrad a la sabiduría y reinaréis eternamente. 22Os explicaré qué es la sabiduría y cuál su origen, | sin ocultaros ningún secreto, | sino que la rastrearé desde su origen, | esclareciendo lo que se conoce de ella, | sin pasar por alto la verdad. 23No haré camino con la envidia corrosiva, | pues nada tiene que ver con la sabiduría. 24Abundancia de sabios salva el mundo, | y un rey sensato da bienestar al pueblo. 25Así pues, dejaos instruir por mis palabras y sacaréis provecho.

Capítulo 7

1También yo soy un hombre mortal como todos | y descendiente del primero, formado de la tierra. | En el vientre materno fue modelada mi carne, 2durante diez meses me fui consolidando en su sangre, | a partir de la simiente viril y del placer compañero del sueño. 3Al nacer, también yo respiré el aire común | y al caer en la tierra que a todos recibe, | lo primero que hice, como todos, fue llorar. 4Me criaron con mimos, entre pañales. 5Ningún rey empezó de otro modo su existencia: 6la entrada y la salida de la vida son iguales para todos. 7Por eso, supliqué y me fue dada la prudencia, | invoqué y vino a mí el espíritu de sabiduría. 8La preferí a cetros y tronos | y a su lado en nada tuve la riqueza. 9No la equiparé a la piedra más preciosa, | porque todo el oro ante ella es un poco de arena | y junto a ella la plata es como el barro. 10La quise más que a la salud y la belleza | y la preferí a la misma luz, | porque su resplandor no tiene ocaso. 11Con ella me vinieron todos los bienes juntos, | tiene en sus manos riquezas incontables. 12Disfruté de todos, porque la sabiduría los trae, | aunque yo ignoraba que ella era su madre. 13Sin engaño la aprendí, sin envidia la comparto | y no escondo sus riquezas; 14porque es un tesoro inagotable para los hombres: | los que lo adquieren se ganan la amistad de Dios, | pues los dones de la instrucción los recomienda. 15Que Dios me conceda hablar con conocimiento | y tener pensamientos dignos de sus dones, | porque él es el mentor de la sabiduría | y el adalid de los sabios. 16En sus manos estamos nosotros y nuestras palabras, | toda prudencia y toda inteligencia práctica. 17Él me concedió la verdadera ciencia de los seres, | para conocer la estructura del cosmos y las propiedades de los elementos, 18el principio, el fin y el medio de los tiempos, | la alternancia de los solsticios y la sucesión de las estaciones, 19los ciclos del año y la posición de las estrellas, 20la naturaleza de los animales y el instinto de las fieras, | el poder de los espíritus y los pensamientos de los hombres, | las variedades de las plantas y las virtudes de las raíces. 21He llegado a conocerlo todo, lo oculto y lo manifiesto, | porque la sabiduría, artífice de todo, me lo enseñó. 22La sabiduría posee un espíritu inteligente, santo, | único, múltiple, sutil, ágil, penetrante, inmaculado, | diáfano, invulnerable, amante del bien, agudo, 23incoercible, benéfico, amigo de los hombres, | firme, seguro, sin inquietudes, | que todo lo puede, todo lo observa, | y penetra todos los espíritus, | los inteligentes, los puros, los más sutiles. 24La sabiduría es más móvil que cualquier movimiento | y en virtud de su pureza lo atraviesa y lo penetra todo. 25Es efluvio del poder de Dios, | emanación pura de la gloria del Omnipotente; | por eso, nada manchado la alcanza. 26Es irradiación de la luz eterna, | espejo límpido de la actividad de Dios | e imagen de su bondad. 27Aun siendo una sola, todo lo puede; | sin salir de sí misma, todo lo renueva | y, entrando en las almas buenas de cada generación, | va haciendo amigos de Dios y profetas. 28Pues Dios solo ama a quien convive con la sabiduría. 29Ella es más bella que el sol | y supera a todas las constelaciones. | Comparada con la luz del día, sale vencedora, | 30porque la luz deja paso a la noche, | mientras que a la sabiduría no la domina el mal.

Capítulo 8

1Se despliega con vigor de un confín a otro | y todo lo gobierna con acierto. 2La amé y la busqué desde mi juventud | y la pretendí como esposa, | enamorado de su hermosura. 3Su intimidad con Dios realza su nobleza, | pues el Señor de todas las cosas la ama. 4Está iniciada en la ciencia de Dios | y es la que elige entre sus obras. 5Si la riqueza es un bien deseable en la vida, | ¿hay mayor riqueza que la sabiduría, que lo realiza todo? 6Y si la inteligencia es quien lo realiza, | ¿quién sino la sabiduría es artífice de cuanto existe? 7Si alguien ama la justicia, las virtudes son fruto de sus afanes, | pues ella enseña templanza y prudencia, justicia y fortaleza: | para los hombres no hay nada en la vida más útil que esto. 8Y si alguien desea una gran experiencia, | ella conoce el pasado y adivina el futuro, | conoce los dichos ingeniosos y la solución de los enigmas, | prevé de antemano signos y prodigios | y el desenlace de momentos y tiempos. 9Así pues, decidí hacerla compañera de mi vida, | sabiendo que sería mi consejera en la dicha | y mi consuelo en las preocupaciones y la tristeza: 10«Gracias a ella obtendré gloria entre la gente | y honor entre los ancianos, aunque sea joven. 11En el juicio lucirá mi agudeza | y seré la admiración de los poderosos. 12Si callo, esperarán a que hable, | si tomo la palabra, me prestarán atención | y si me alargo hablando, se llevarán la mano a la boca. 13Gracias a ella alcanzaré la inmortalidad | y legaré a la posteridad un recuerdo imperecedero. 14Gobernaré pueblos y someteré naciones, 15soberanos terribles se asustarán al oír hablar de mí; | me mostraré bueno con el pueblo y valiente en la guerra. 16Al volver a mi casa descansaré junto a ella, | pues su compañía no causa amargura | y su intimidad no entristece, sino que alegra y regocija». 17Pensaba en estas cosas | y reflexionaba sobre ellas en mi corazón: | la inmortalidad consiste en emparentar con la sabiduría, 18en su amistad se encuentra un noble deleite, | hay riqueza inagotable en el trabajo de sus manos, | prudencia en la asiduidad de su trato | y prestigio en la conversación con ella. | Así pensaba tratando de hacerla mía. 19Era yo un muchacho de buen natural, | me tocó en suerte un alma buena, 20o mejor dicho, siendo bueno, entré en un cuerpo sin tara. 21Pero, al comprender que no la alcanzaría, si Dios no me la daba | —y ya era un signo de sensatez saber de quién procedía tal don—, | acudí al Señor y le supliqué, diciéndole de todo corazón:

Capítulo 9

1«Dios de los padres y Señor de la misericordia, | que con tus palabras hiciste todas las cosas, 2y en tu sabiduría formaste al hombre, | para que dominase sobre las criaturas que tú has hecho, 3y para regir el mundo con santidad y justicia, | y para administrar justicia con rectitud de corazón. 4Dame la sabiduría asistente de tu trono | y no me excluyas del número de tus siervos, 5porque siervo tuyo soy, hijo de tu sierva, | hombre débil y de pocos años, | demasiado pequeño para conocer el juicio y las leyes. 6Pues, aunque uno sea perfecto | entre los hijos de los hombres, | sin la sabiduría, que procede de ti, | será estimado en nada. 7Tú me elegiste como rey de tu pueblo | y como juez de tus hijos e hijas. 8Me mandaste construir un templo en tu monte santo | y un altar en la ciudad de tu morada, | a imitación de la tienda santa que preparaste desde el principio. 9Contigo está la sabiduría, conocedora de tus obras, | que te asistió cuando hacías el mundo, | y que sabe lo que es grato a tus ojos | y lo que es recto según tus preceptos. 10Mándala de tus santos cielos, | y de tu trono de gloria envíala, | para que me asista en mis trabajos | y venga yo a saber lo que te es grato. 11Porque ella conoce y entiende todas las cosas, | y me guiará prudentemente en mis obras, | y me guardará en su esplendor. 12Así aceptarás mis obras, | juzgaré a tu pueblo con justicia | y seré digno del trono de mi padre. 13Pues, ¿qué hombre conocerá el designio de Dios?, | o ¿quién se imaginará lo que el Señor quiere? 14Los pensamientos de los mortales son frágiles | e inseguros nuestros razonamientos, 15porque el cuerpo mortal oprime el alma | y esta tienda terrena abruma la mente pensativa. 16Si apenas vislumbramos lo que hay sobre la tierra | y con fatiga descubrimos lo que está a nuestro alcance, | ¿quién rastreará lo que está en el cielo?, 17¿quién conocerá tus designios, si tú no le das sabiduría | y le envías tu santo espíritu desde lo alto? 18Así se enderezaron las sendas de los terrestres, | los hombres aprendieron lo que te agrada | y se salvaron por la sabiduría».

Capítulo 10

1Ella fue quien protegió al padre del mundo, el primer ser humano | cuando él era la única criatura; lo levantó de su caída 2y le dio el poder de dominar todo. 3Pero cuando el criminal iracundo, Caín, se apartó de ella, | pereció por su saña fratricida. 4Cuando por su culpa se inundó la tierra, | de nuevo la salvó la sabiduría, | llevando al justo Noé en un simple tablón. 5Cuando la confusión de los pueblos malvados, | ella se fijó en el justo Abrahán, lo conservó intachable ante Dios | y lo mantuvo firme a pesar del amor hacia su hijo. 6Cuando el exterminio de los impíos, ella salvó al justo Lot, | que huía del fuego que caía sobre la Pentápolis; 7testigos de su maldad son aún: | una tierra desolada y humeante | y unas plantas con frutos malogrados; | y una estatua de sal que se yergue | como monumento al alma incrédula. 8Por abandonar el camino de la sabiduría, | sufrieron la desgracia de ignorar el bien | y legaron a la historia un recuerdo de su insensatez, | para que sus faltas no quedaran ocultas. 9La sabiduría, sin embargo, sacó de apuros a sus servidores. 10Al justo Jacob que huía de la ira de su hermano | lo guio por caminos rectos, | le mostró el reino de Dios | y le dio a conocer las cosas santas; | le dio prosperidad en sus trabajos | y multiplicó el fruto de sus esfuerzos; 11lo asistió contra la avaricia de sus opresores | y lo colmó de riquezas; 12lo defendió de sus enemigos, | y lo protegió de los que lo acechaban; | y, tras duro combate, le concedió la victoria, | para que supiera que la piedad es más fuerte que todo. 13Ella no desamparó al justo vendido, José, | sino que lo libró de caer en pecado; 14bajó con él a la cisterna | y no lo abandonó entre las cadenas, | hasta entregarle el cetro real | y el poder sobre sus tiranos; | demostró la falsedad de sus calumniadores | y le concedió una gloria eterna. 15Ella fue quien libró al pueblo santo, | a la raza irreprochable de la nación opresora. 16Entró en el alma de un siervo del Señor, Moisés, | e hizo frente a reyes temibles con prodigios y señales. 17Dio a los fieles la recompensa por sus trabajos, | los condujo por un camino maravilloso, | fue para ellos sombra durante el día | y resplandor de estrellas por la noche. 18Les abrió paso a través del mar Rojo | y los condujo a través de aguas caudalosas; 19sumergió a sus enemigos | y luego los sacó a flote desde lo hondo del abismo. 20Por eso los justos despojaron a los impíos, | cantaron himnos, Señor, a tu santo nombre | y celebraron a coro tu mano vencedora, 21porque la sabiduría abrió la boca de los mudos | y soltó la lengua de los niños.

Capítulo 11

1Hizo prosperar sus empresas por medio de un santo profeta, Moisés. 2Atravesaron un desierto inhóspito | y acamparon en parajes intransitables. 3Hicieron frente a sus enemigos | y rechazaron a sus adversarios. 4Tuvieron sed y te invocaron: | de una roca escarpada se les dio agua | y de una piedra dura remedio para su sed. 5Lo que sirvió de castigo para sus enemigos | fue para ellos una ayuda en la necesidad. 6En lugar de la corriente constante de un río, | enturbiado por una mezcla de sangre y barro 7—castigo por su decreto infanticida—, | les diste agua abundante sin esperarlo, 8mostrándoles por la sed que pasaron, | cómo habías castigado a sus adversarios. 9Pues cuando sufrían una prueba, aunque corregidos con amor, | comprendían los tormentos de los impíos, juzgados con cólera. 10Porque a unos los probaste como padre que corrige, | pero a otros los castigaste como rey severo que condena. 11Los ausentes y los presentes se consumían por igual, 12pues los embargó una doble tristeza | y gemían recordando el pasado; 13cuando se enteraban de que sus propios castigos | eran en beneficio de los otros, reconocían al Señor. 14Al que antes abandonaron en el agua y rechazaron con burlas, | al final de los sucesos lo admiraron, | tras sufrir una sed bien distinta de la de los justos. 15Por sus insensatos y malvados pensamientos, | que los extraviaban hasta el punto de hacerles rendir culto | a reptiles irracionales y viles alimañas, | tú les enviaste como castigo una multitud de animales irracionales, 16para que supieran que en el pecado está el castigo. 17Pues bien podía tu mano omnipotente, | que había creado el mundo de materia informe, | enviar contra ellos manadas de osos o intrépidos leones, 18o bestias enfurecidas, desconocidas y al efecto creadas, | que lanzasen resoplidos llameantes, | o despidiesen humaredas pestilentes, | o echasen chispas terribles por los ojos; 19bestias capaces de aniquilarlos con su asalto, | y de exterminarlos con su aspecto estremecedor. 20Y aun sin esto, podían haber sucumbido de un soplo, | perseguidos por la justicia, aventados por tu soplo poderoso, | pero tú todo lo has dispuesto con peso, número y medida. 21Tú siempre puedes desplegar tu gran poder. | ¿Quién puede resistir la fuerza de tu brazo? 22Porque el mundo entero es ante ti como un grano en la balanza, | como gota de rocío mañanero sobre la tierra. 23Pero te compadeces de todos, porque todo lo puedes | y pasas por alto los pecados de los hombres para que se arrepientan. 24Amas a todos los seres | y no aborreces nada de lo que hiciste; | pues, si odiaras algo, no lo habrías creado. 25¿Cómo subsistiría algo, si tú no lo quisieras?, | o ¿cómo se conservaría, si tú no lo hubieras llamado? 26Pero tú eres indulgente con todas las cosas, | porque son tuyas, Señor, amigo de la vida.

Capítulo 12

1Pues tu soplo incorruptible está en todas ellas. 2Por eso corriges poco a poco a los que caen, | los reprendes y les recuerdas su pecado, | para que, apartándose del mal, crean en ti, Señor. 3A los antiguos habitantes de tu santa tierra, 4los aborreciste por sus prácticas abominables, | actos de magia y ritos sacrílegos. 5A esos crueles asesinos de niños, | devoradores de entrañas en banquetes de carne y sangre humanas, | a esos iniciados en bacanales, 6padres asesinos de seres indefensos, | decidiste eliminarlos por medio de nuestros antepasados, 7para que la tierra que tú más apreciabas | acogiera a la digna colonia de los hijos de Dios. 8Pero también con estos, como hombres que eran, fuiste indulgente | y les enviaste avispas como avanzadilla de tu ejército, | para exterminarlos poco a poco. 9Aunque pudiste entregar a los impíos en manos de los justos en batalla campal, | o aniquilarlos de una vez con bestias feroces o con una orden fulminante, 10los castigaste paulatinamente, dándoles ocasión de arrepentirse, | aunque sabías que eran de mala cepa, de malicia innata, | y que su modo de pensar no cambiaría nunca, 11pues era una raza maldita desde su origen; | si les indultaste los pecados, no fue por miedo a nadie. 12Pues, ¿quién puede decirte: «¿Qué has hecho?», | o ¿quién se opondrá a tu sentencia?, | ¿quién te citará a juicio por haber destruido las naciones que tú has creado?, | o ¿quién se alzará contra ti para vengar a los injustos? 13Pues fuera de ti no hay otro Dios que cuide de todo, | a quien tengas que demostrar que no juzgas injustamente; 14ni rey ni soberano que pueda desafiarte defendiendo a los que tú has castigado. 15Siendo justo, todo lo gobiernas con justicia | y consideras incompatible con tu poder | condenar a quien no merece ser castigado. 16Porque tu fuerza es el principio de la justicia | y tu señorío sobre todo te hace ser indulgente con todos. 17Despliegas tu fuerza ante el que no cree en tu poder perfecto | y confundes la osadía de los que lo conocen. 18Pero tú, dueño del poder, juzgas con moderación | y nos gobiernas con mucha indulgencia, | porque haces uso de tu poder cuando quieres. 19Actuando así, enseñaste a tu pueblo | que el justo debe ser humano | y diste a tus hijos una buena esperanza, | pues concedes el arrepentimiento a los pecadores. 20Pues, si a los enemigos de tus hijos, reos de muerte, | los castigaste con tanta benevolencia e indulgencia, | dándoles tiempo y lugar para apartarse de su maldad, 21¿con cuánta consideración no habrás juzgado a tus hijos, | con cuyos padres pactaste jurando alianzas de tan buenas promesas? 22Así, pues, para aleccionarnos a nosotros, | castigas a nuestros enemigos con moderación, | para que al juzgar recordemos tu bondad, | y al ser juzgados esperemos misericordia. 23Por eso, a cuantos vivieron insensata y depravadamente, | los atormentaste con sus propias abominaciones. 24Se extraviaron muy lejos, | teniendo por dioses a los animales más viles y repugnantes, | dejándose engañar como niños inconscientes. 25Por eso, como a niños sin juicio, | les enviaste un castigo que hacía reír. 26Pero los que no escarmentaron con correcciones irrisorias, | iban a experimentar un castigo digno de Dios. 27Al verse atormentados e irritados por aquellos seres | que tenían por dioses y ahora eran su castigo, | abrieron los ojos y reconocieron como Dios verdadero, | al que antes se negaban a reconocer; | y por eso les sobrevino el peor de los castigos.

Capítulo 13

1Son necios por naturaleza todos los hombres que han ignorado a Dios | y no han sido capaces de conocer al que es a partir de los bienes visibles, | ni de reconocer al artífice fijándose en sus obras, 2sino que tuvieron por dioses al fuego, al viento, al aire ligero, | a la bóveda estrellada, al agua impetuosa | y a los luceros del cielo, regidores del mundo. 3Si, cautivados por su hermosura, los creyeron dioses, | sepan cuánto los aventaja su Señor, | pues los creó el mismo autor de la belleza. 4Y si los asombró su poder y energía, | calculen cuánto más poderoso es quien los hizo, 5pues por la grandeza y hermosura de las criaturas | se descubre por analogía a su creador. 6Con todo, estos merecen un reproche menor, | pues a lo mejor andan extraviados, | buscando a Dios y queriéndolo encontrar. 7Dan vueltas a sus obras, las investigan | y quedan seducidos por su apariencia, porque es hermoso lo que ven. 8Pero ni siquiera estos son excusables, 9porque, si fueron capaces de saber tanto | que pudieron escudriñar el universo, | ¿cómo no encontraron antes a su Señor? 10Son, pues, unos infelices, con la esperanza puesta en cosas sin vida, | los que llamaron dioses a obras hechas por manos humanas: | oro y plata labrados con arte, representaciones de animales | o una piedra inútil, esculpida hace mucho tiempo. 11Pongamos por ejemplo a un leñador: | tala un árbol de fácil manejo, | lo descorteza hábilmente y, trabajando con destreza, | fabrica un objeto útil para usos comunes. 12Con los desechos de su trabajo | se prepara una comida que le deja satisfecho; 13y con el último desecho que para nada sirve, | un palo torcido y lleno de nudos, | lo coge y lo talla en sus ratos de ocio; | y con destreza reposada lo modela | hasta sacar una imagen humana 14o la figura de cualquier vil animal. | Lo embadurna de minio, pinta su cuerpo de rojo | y recubre todos sus defectos. 15Luego le prepara una hornacina digna | y lo coloca en la pared asegurándolo con clavos. 16Para que no se le caiga, toma sus precauciones, | sabiendo que no puede valerse por sí mismo, | pues es una imagen y necesita ayuda. 17Sin embargo, le reza por su hacienda, bodas e hijos, | sin avergonzarse de hablar con un ser inanimado; | pide la salud a quien está enfermo, 18ruega por la vida a un muerto, | solicita ayuda al más torpe | y un viaje feliz al que ni siquiera puede andar; 19y para las ganancias, las empresas y el éxito de sus tareas, | pide ayuda al que menos puede dársela.

Capítulo 14

1Hay también quien, dispuesto a embarcarse para cruzar el mar encrespado, | invoca a un leño más frágil que la embarcación que lo lleva. 2A esta la inventó el afán de lucro, | la construyó la pericia del artífice. 3Pero es tu providencia, Padre, quien la pilota, | porque incluso en el mar abriste un camino | y una senda segura entre las olas, 4mostrando así que puedes salvar de todo peligro, | para que se embarque aun el inexperto. 5No quieres que las obras de tu sabiduría sean estériles; | por eso los hombres confían sus vidas a un leño insignificante, | y, cruzando el oleaje en una balsa, llegan sanos y salvos. 6Ya al principio, cuando perecían los soberbios gigantes, | la esperanza del mundo se refugió en una balsa | que, pilotada por tu mano, legó al mundo una semilla de vida. 7Bendito el leño que se utiliza para la justicia, 8pero el ídolo hecho a mano, maldito él y quien lo hizo; | este porque lo fabricó, aquel porque, siendo corruptible, fue tenido por dios. 9Dios aborrece igualmente al impío y su impiedad 10y la obra será castigada junto con su autor. 11Por eso los ídolos de las naciones también serán juzgados, | porque se han hecho abominables entre las criaturas de Dios, | ocasión de tropiezo para las almas de los hombres | y una trampa para los pies de los necios. 12La invención de los ídolos fue el comienzo de la infidelidad | y su descubrimiento trajo la corrupción de la vida. 13Porque no existieron al principio ni existirán eternamente. 14Entraron en el mundo por la necedad de los hombres | y por eso tienen marcado un fin inmediato. 15Un padre, afligido por un luto prematuro, | hace una imagen del hijo repentinamente arrebatado; | al que ayer era hombre muerto, hoy lo venera como un dios, | e instituye iniciaciones mistéricas para sus subordinados. 16Con el tiempo se consolida la impía costumbre y se observa como ley. 17Por decreto de los soberanos recibían culto sus estatuas | y como la gente que vivía lejos no podía venerarlos en persona, | representaba su figura lejana, | haciendo una imagen visible del rey venerado, | para adular con fervor al ausente como si estuviera presente. 18La ambición del artista contribuyó a extender este culto, | incluso entre quienes no lo conocían, 19pues este, deseoso sin duda de complacer al soberano, | forzó hábilmente el parecido para que resultase más hermoso. 20La multitud, seducida por el encanto de la obra, | considera ahora objeto de culto al que poco antes honraba como hombre. 21Y esto se convirtió en una trampa para los vivientes, | pues los hombres, víctimas de la desgracia o de la tiranía, | dieron el nombre incomunicable a piedras y leños. 22Además, no les bastó con equivocarse en el conocimiento de Dios, | sino que, inmersos en la guerra cruel de la ignorancia, | dan a esos males tan graves el nombre de paz. 23Así, con sus ritos infanticidas, sus misteriosos secretos | y sus delirantes orgías de rituales extravagantes, 24ya no conservan puros ni la vida ni el matrimonio, | sino que se matan a traición unos a otros o se infaman con adulterios. 25Reina por doquier un caos de sangre y crimen, robo y fraude, | corrupción, infidelidad, desorden y perjurio; 26desconcierto entre los buenos, olvido de la gratitud, | contaminación de las almas, perversiones sexuales, | desórdenes matrimoniales, adulterios y libertinaje. 27Porque el culto a los ídolos sin nombre | es principio, causa y fin de todos los males. 28Los idólatras o se divierten frenéticamente, o profetizan oráculos falsos, | o viven en la injusticia, o perjuran con ligereza. 29Como confían en ídolos sin vida, | no temen que el jurar en falso les ocasione daño alguno. 30Pero les aguarda un doble castigo: | porque al seguir a los ídolos se han hecho una idea falsa de Dios | y porque han jurado injustamente y con engaño, despreciando la santidad. 31Pues no es el poder de aquellos por los que se jura, | sino la condena que merecen los pecadores | quien persigue siempre las transgresiones de los malvados.

Capítulo 15

1Pero tú, Dios nuestro, eres bueno y fiel, | eres paciente y todo lo gobiernas con misericordia. 2Aunque pequemos, somos tuyos y reconocemos tu poder, | pero no pecaremos, sabiendo que te pertenecemos. 3Conocerte a ti es justicia perfecta | y reconocer tu poder es la raíz de la inmortalidad. 4No nos extraviaron las malas artes inventadas por los hombres, | ni el trabajo estéril de los pintores, | figuras embadurnadas con variados colores, 5cuya contemplación despierta la pasión de los necios, | que llegan a desear la imagen sin vida de un ídolo muerto. 6Amantes del mal y dignos de tales esperanzas | son quienes las hacen, quienes las desean y quienes las adoran. 7También el alfarero se afana amasando la tierra blanda | y moldea cacharros para nuestro uso. | Con el mismo barro moldea las vasijas | destinadas a usos nobles e innobles, todas por igual: | el alfarero decide la distinta utilidad que tendrá cada una. 8Luego, malgastando esfuerzos, modela un dios falso con el mismo barro; | lo modela uno que poco antes nació de la tierra | y que pronto regresará al lugar de donde fue sacado, | cuando le reclamen la vida prestada. 9Pero no le preocupa tener que morir | ni que su vida sea efímera, | sino que compite con orfebres y plateros, | imita a los que forjan el bronce | y presume de modelar figuras falsas. 10Su corazón es ceniza, | su esperanza, más vulgar que la tierra | y su vida, más despreciable que el barro, 11porque desconoce al que lo modeló, | al que le infundió un alma activa | y le insufló un aliento vital. 12Piensa que nuestra vida es un juego | y la existencia una feria de negocios; | dice: «Hay que sacar partido de donde sea, hasta del mal». 13Ahora bien, él sabe mejor que nadie que peca, | pues fabrica con materia arcillosa frágiles vasijas y estatuas de ídolos. 14Pero los más insensatos de todos y más ingenuos que un niño, | son los enemigos que oprimieron a tu pueblo, 15pues tuvieron por dioses a todos los ídolos de las naciones, | cuyos ojos no les sirven para ver, | ni la nariz para respirar, | ni las orejas para oír, | ni los dedos de las manos para tocar | y cuyos pies son torpes para caminar. 16Pues los hizo un hombre, | los modeló un ser de aliento prestado | y ningún ser humano puede modelar un dios a su semejanza. 17Al ser mortal, sus manos impías producen un cadáver | y vale más él que los objetos que adora, | pues él tiene vida, mientras los otros jamás la tendrán. 18También adoran a los animales más repugnantes | que comparados con los demás son los más estúpidos; 19no tienen belleza alguna que los haga atractivos como a otros animales | y se quedaron sin la aprobación de Dios y sin su bendición.

Capítulo 16

1Por eso, fueron justamente castigados por seres semejantes | y fueron atormentados por una plaga de alimañas. 2En vez de ese castigo, favoreciste a tu pueblo | y, para satisfacer su apetito, | les proporcionaste como alimento | un manjar exquisito: las codornices. 3Así que los egipcios, aun estando hambrientos, | perdían hasta el apetito natural, | asqueados por los repugnantes bichos que les habías enviado, | mientras los israelitas, después de una breve privación, | saboreaban un manjar exquisito. 4Pues era justo que aquellos opresores sufrieran un hambre irremediable, | mientras a estos bastaba con mostrarles cómo eran torturados sus enemigos. 5Incluso cuando les sobrevino la terrible furia de las fieras | y perecían mordidos por serpientes sinuosas, | tu ira no llegó hasta el final. 6Para que escarmentaran, se les atormentó por poco tiempo, | pues tenían un signo de salvación como recordatorio del mandato de tu ley. 7Y el que se volvía hacia él se curaba, no por lo que contemplaba, | sino gracias ti, Salvador de todos. 8Así convenciste a nuestros enemigos | de que eres tú quien libra de todo mal. 9Ellos morían por las picaduras de langostas y moscas, | sin poder encontrar remedio para sus vidas, | pues merecían ser castigados por tales bichos; 10a tus hijos, en cambio, ni los dientes de las serpientes venenosas les pudieron, | sino que tu misericordia salió en su ayuda y los salvó. 11Las mordeduras, que se curaban enseguida, | les recordaban tus palabras, | no fuera que cayeran en profundo olvido | y quedaran excluidos de tu bondad. 12No los curó hierba ni cataplasma, | sino tu palabra, Señor, que todo lo sana. 13Pues tú tienes poder sobre la vida y la muerte, | haces bajar a las puertas del Hades y haces regresar. 14El hombre, en cambio, puede matar con su maldad, | pero no puede devolver el espíritu que se fue, | ni rescatar el alma ya prisionera. 15Es imposible escapar de tu mano. 16Los impíos que no querían conocerte | fueron castigados con la fuerza de tu brazo: | los persiguieron extrañas lluvias, granizadas, tormentas implacables | y el fuego los devoró. 17Y lo más sorprendente era que con el agua, que todo lo apaga, | el fuego cobraba una violencia mayor, | pues el universo es paladín de los justos. 18Unas veces la llama se amortiguaba, | para no abrasar a los animales enviados contra los impíos | y para que, al verlos, comprendieran que los impulsaba el juicio de Dios; 19pero, otras veces, aun en medio del agua, la llama ardía con más fuerza que el fuego, | para destruir los frutos de una tierra malvada. 20A tu pueblo, en cambio, lo alimentaste con manjar de ángeles, | y les mandaste desde el cielo un pan preparado sin esfuerzo, | lleno de toda delicia y grato a cualquier gusto. 21Este sustento revelaba a tus hijos tu dulzura, | pues se adaptaba al gusto de quien lo tomaba | y se convertía en lo que cada uno quería. 22Nieve y hielo resistían al fuego sin derretirse, | para que supieran que el fuego, | ardiendo entre el granizo y resplandeciendo bajo la lluvia, | destruía las cosechas de los enemigos; 23mientras que, para que los justos se alimentaran, | se olvidaba hasta de su propia fuerza. 24Porque la creación, sirviéndote a ti, su creador, | despliega su fuerza para castigar a los malvados | y la modera para beneficiar a los que en ti confían. 25Por eso también entonces, adoptando todas las formas, | estaba al servicio de tu generosidad, que a todos sustenta, | según el deseo de los que te necesitan. 26Así aprenderán tus hijos queridos, Señor, | que la variedad de frutos no alimenta al hombre, | sino tu palabra, que mantiene a los que creen en ti. 27Pues lo que el fuego no pudo devorar | se derritió simplemente al calor de un tenue rayo de sol, 28para que supieran que hay que adelantarse al sol para darte gracias | y salir a tu encuentro al rayar el alba. 29Pues la esperanza del ingrato se derrite como escarcha invernal | y se escurre como agua inservible.

Capítulo 17

1Grandes e inenarrables son tus juicios, | por eso las almas ignorantes se extraviaron. 2Cuando los malvados creían que podían oprimir a la nación santa, | se encontraron prisioneros de las tinieblas, encadenados en una larga noche, | recluidos bajo su techo, desterrados de la eterna providencia. 3Pensaban permanecer ocultos con sus secretos pecados | bajo el oscuro velo del olvido, | pero se vieron dispersos, presa de terrible espanto, | sobresaltados por alucinaciones. 4El escondrijo que los protegía no los libraba del miedo, | pues a su alrededor retumbaban ruidos escalofriantes | y se les aparecían sombríos espectros de lúgubre aspecto. 5No había fuego capaz de alumbrarlos, | ni el brillo resplandeciente de las estrellas | lograba iluminar aquella noche horrible. 6Para ellos solo lucía una hoguera espantosa | que ardía por sí misma, | y cuando desaparecía la visión, quedaban tan aterrados | que les parecía más macabro aún lo que habían visto. 7Los trucos de la magia habían fracasado | y su alarde de sabiduría quedó en ridículo, 8pues los que prometían expulsar miedos y temores de la gente enloquecida, | enloquecían ellos mismos con un pánico ridículo. 9Y aunque nada inquietante les atemorizase, | sobresaltados por el paso de las alimañas y el silbido de los reptiles, 10sucumbían temblando, | negándose a mirar aquel aire inevitable. 11Pues la maldad es cobarde y a sí misma se condena, | acosada por la conciencia, siempre se imagina lo peor. 12Y el miedo no es otra cosa que el abandono de los auxilios de la razón: 13cuanto menor es la confianza en uno mismo, | mayor parece la causa desconocida del tormento. 14Durante aquella noche realmente imposible, | surgida de las profundidades del impotente Hades, | durmiendo todos el mismo sueño, 15unas veces los perseguían espectros monstruosos, | y otras, al fallarles el valor, desfallecían, | pues los invadió un miedo repentino e inesperado. 16Así, cualquiera que caía en una tal situación | quedaba atrapado, encadenado en aquella cárcel sin barrotes; 17fuese labrador o pastor, | o un trabajador que se afana en solitario, | sufría, sorprendido, el ineludible destino, 18pues todos estaban atados a la misma cadena de tinieblas. | El silbido del viento, | el canto melodioso de los pájaros en el ramaje frondoso, | la cadencia del agua fluyendo impetuosa, 19el estruendo de las rocas al precipitarse, | la carrera invisible de animales al galope, | el rugido de las bestias más feroces, | o el eco que retumbaba en las oquedades de las montañas | los dejaba paralizados de terror. 20El mundo entero resplandecía con luz radiante | y se dedicaba sin trabas a sus tareas; 21solo sobre ellos se cernía una noche agobiante, | imagen de las tinieblas que les esperaban, | aunque ellos eran para sí mismos más agobiantes que las tinieblas.

Capítulo 18

1Para tus fieles, en cambio, brillaba una espléndida luz. | Los egipcios, que oían su voz pero sin distinguir su figura, | los felicitaban por no haber padecido como ellos. 2Les daban las gracias porque no se vengaban de los agravios recibidos | y les pedían perdón por su conducta hostil. 3En lugar de esto les diste una columna de fuego, | como guía para un viaje desconocido, | y como sol inofensivo para su gloriosa marcha. 4Bien merecían verse privados de luz y prisioneros de las tinieblas | aquellos que habían encerrado en la prisión a tus hijos, | que iban a transmitir al mundo la luz incorruptible de la ley. 5Por haber decretado matar a los niños de tus fieles | —uno solo de los niños, abandonado, se salvó—, | en castigo, les arrebataste una multitud de hijos, | y los hiciste perecer a todos juntos en las aguas impetuosas. 6Aquella noche les fue preanunciada a nuestros antepasados, | para que, sabiendo con certeza en qué promesas creían, | tuvieran buen ánimo. 7Tu pueblo esperaba la salvación de los justos | y la perdición de los enemigos, 8pues con lo que castigaste a los adversarios, | nos glorificaste a nosotros, llamándonos a ti. 9Los piadosos hijos de los justos ofrecían sacrificios en secreto | y establecieron unánimes esta ley divina: | que los fieles compartirían los mismos bienes y peligros, | después de haber cantado las alabanzas de los antepasados. 10Hacían eco los gritos destemplados de los enemigos, | y se extendía el lamento de quienes lloraban a sus hijos. 11Idéntico castigo sufrían el esclavo y el amo, | y el plebeyo padecía lo mismo que el rey. 12Todos por igual tenían innumerables cadáveres, | víctimas de un mismo género de muerte; | los vivos no daban abasto para enterrarlos, | porque en un instante había perecido lo mejor de su raza. 13Aunque la magia los había hecho desconfiar de todo, | ante la muerte de los primogénitos reconocieron que este pueblo era hijo de Dios. 14Cuando un silencio apacible lo envolvía todo | y la noche llegaba a la mitad de su carrera, 15tu palabra omnipotente se lanzó desde el cielo, desde el trono real, | cual guerrero implacable, sobre una tierra condenada al exterminio; | empuñaba la espada afilada de tu decreto irrevocable, 16se detuvo y todo lo llenó de muerte, | mientras tocaba el cielo, pisoteaba la tierra. 17De repente los sobresaltaron horribles pesadillas, | los asaltaron terrores inesperados. 18Tendidos y medio muertos, cada uno por su lado, | manifestaban la causa de su muerte; 19pues sus sueños turbulentos los habían prevenido, | para que no pereciesen sin conocer el motivo de su desgracia. 20También a los justos alcanzó la prueba de la muerte | y una multitud de ellos pereció en el desierto. | Pero aquella ira no duró mucho, 21porque pronto un hombre intachable salió en su defensa, | manejando las armas de su ministerio: | la oración y el incienso expiatorio. | Hizo frente a la ira y puso fin a la catástrofe, | demostrando ser tu servidor. 22Venció la indignación no a fuerza de músculos, | ni esgrimiendo la espada, | sino que con la palabra sometió a quien los castigaba, | recordando los juramentos y alianzas | que hizo con los antepasados. 23Cuando ya los muertos yacían amontonados, | se puso en medio, detuvo el avance de la ira | y le cerró el paso hacia los que todavía vivían. 24Pues en su vestido talar estaba el universo entero, | los nombres gloriosos de los patriarcas en cuatro hileras de piedras preciosas, | y tu majestad en la diadema de su cabeza. 25Ante esto, el exterminador retrocedió atemorizado, | pues era suficiente una sola demostración de tu ira.

Capítulo 19

1Pero sobre los impíos descargó hasta el fin una ira despiadada, | porque Dios sabía de antemano lo que iban a hacer: 2que, tras dejarlos marchar y urgirlos con prisas, | cambiarían de parecer y saldrían a perseguirlos. 3De hecho, aún estaban en los funerales | y llorando sobre las tumbas de los muertos, | cuando concibieron otro plan disparatado, | y a los que antes habían suplicado para que se fueran, | los persiguieron como fugitivos. 4Su merecido destino los arrastraba a tales extremos | y los hacía olvidarse del pasado, | para que completaran el castigo que aún faltaba a sus tormentos 5y, mientras tu pueblo realizaba un viaje maravilloso, | encontraran ellos una muerte insólita. 6Porque toda la creación, obediente a tus órdenes, | cambió radicalmente su misma naturaleza, | para guardar incólumes a tus hijos. 7Se vio una nube que daba sombra al campamento, | la tierra firme que emergía donde antes había agua, | el mar Rojo convertido en un camino practicable | y el oleaje impetuoso en una verde llanura, 8por donde pasaron en masa los protegidos por tu mano, | contemplando prodigios admirables. 9Pacían como caballos, | y retozaban como corderos, | alabándote a ti, Señor, su libertador. 10Todavía recordaban lo sucedido en su destierro: | cómo la tierra, y no los animales, produjo mosquitos, | y cómo el río, en lugar de peces, arrojó multitud de ranas. 11Más tarde vieron también un nuevo modo de nacer las aves, | cuando, acuciados por el apetito, pidieron manjares exquisitos 12y, para satisfacerlos, salieron del mar las codornices. 13Y los castigos cayeron sobre los pecadores, | no sin el previo aviso de violentos rayos, | pues justamente sufrían por sus propias maldades | y por haber albergado el odio más feroz contra los extranjeros. 14Hubo quienes no acogieron a unos visitantes desconocidos, | pero estos esclavizaron a unos huéspedes bienhechores. 15Más aún —y de eso se les pedirá cuentas—, | acogieron hostilmente a los extranjeros; 16pero estos, después de recibir con agasajos | a los que gozaban de los mismos derechos que ellos, | los maltrataron con trabajos terribles. 17Y también fueron heridos de ceguera, | como aquellos que a la puerta del justo Lot, | envueltos en densas tinieblas, | buscaban cada uno la entrada de su puerta. 18Los elementos se intercambiaban sus propiedades, | igual que los sonidos del arpa pueden cambiar el ritmo, | manteniendo la misma tonalidad. | Y esto se deduce claramente a la vista de lo sucedido; 19pues los seres terrestres se volvían acuáticos, | y los que nadan se paseaban por la tierra. 20El fuego aumentaba en el agua su propia fuerza | y el agua olvidaba su poder extintor. 21Las llamas, por el contrario, no consumían las carnes | de los débiles animales que entre ellas caminaban, | ni derretían aquella especie de manjar divino, | parecido a la escarcha y tan fácil de derretir. 22En todo, Señor, engrandeciste y glorificaste a tu pueblo, | y no dejaste de asistirle en todo tiempo y lugar.